una carta

es siempre una conversación con un fantasma, dos en este caso: yo escribo desde el pasado y tú quizá no existas.
    Los fantasmas no solo aparecen de repente, también regresan una y otra vez, creando así una paradoja temporal, ya que son al mismo tiempo una repetición y un acontecimiento. No puedo imaginar una mejor introducción a mi música.
    En este breve ejemplo, La belle indolente, escuchamos la huella sonora de un objeto en movimiento, un objeto que ya no tiene presencia y sus retornos son diferencias, un fantasma, vaya.
    (Reprodúcelo ahora, no demasiado alto)

   Este objeto, como posiblemente habrás adivinado, era un columpio. Un columpio que es también una metáfora sobre la escucha musical, ya que nuestra conciencia va oscilando entre lo que ocurre en cada momento y lo que recordamos, relacionando lo que ha sucedido y lo que está por venir. Es una de las maneras de crear sentido que tiene la música, y de dar forma.
 
   No suelo dar por sentado que el tiempo existe y viaja en una única dirección, son los objetos sonoros los que crean el tiempo y no al revés. Esta ausencia de continuidad rítmica y temporal hace que esta música parezca avanzar paso a paso, de instante en instante, haciendo que nos preguntemos: y ahora, ¿que vendrá?
   En este sentido también es un poco fantasmal, ya que el miedo y la música se asemejan: los dos parecen llegar de algún otro sitio, sin ser vistos; entonces la sensibilidad se afina y detrás de cada sonido, de cada articulación, se esconde y extiende toda una red de figuras y sentidos. La escucha es también construcción de historias, interpretación de signos, incluso en invierno:

   Así que estando hecha de instantes, podríamos llamarla “música fotográfica”, también porque se compone de imágenes y figuras, y ubicándose lejos de la abstracción combinatoria se despliega en espacios imaginarios donde la aparición del sonido tiene ya un sentido, una dirección.
   Porque componer es conectar, establecer y crear relaciones no solo entre sonidos y notas, sino entre los acontecimientos sonoros que resuenan en nosotros y nuestro entorno, una suerte de ecología. Estoy convencido que el lenguaje musical tiene infinitas conexiones con las realidad, y considero que a pesar de todos los intentos de hacernos creer que la música es algo abstracto, absoluto, ideal, triunfante, la música es más bien una relación, y no tanto un objeto. Un relación especial, todos hemos tenido una.
   Como en esta pieza para flauta sola, que es la fábula de un naufragio o un balcón desde donde contemplarlo. Al asomarse, no será difícil descubrir en las diversas articulaciones del sonido toda su correspondiente imaginería, un espacio creado de velocidades del aire, y el alzarse las aguas.

   La música casi siempre habla de lo que desaparece, porque quizás no se trata de lo que está sonando sino de lo que queda en nosotros a cada instante, lo que pasa por nuestras cabezas en el momento que escuchamos, siguiendo la evolución de sonidos que enseguida se pierden.
   Solo lo que desaparece deja una huella.
   En el siguiente ejemplo -una pieza para orquesta vagamente teatral- entran y salen personajes, figuras, eventos que apenas tienen cuerpo, y aún así insisten, mostrándose y transformándose en el tiempo. Nunca llegan a imponerse, son más bien gestos que fingen tener importancia, pero que no se dejan atrapar y apenas tienen profundidad; a veces ni se repiten, y dejan tan sólo un carácter, la huella de la que hablaba, quizá hablen de nosotros y al final caiga la tarde y todo se quede en un techo tranquilo de palomas. 

   Se comporta como una lengua misteriosa, esta música; como la lengua de los pájaros o como si alguien quisiera seducirte contándote algo en un idioma desconocido, y no entiendieras mucho pero poco a poco fueras encontrando un significado.
   Como Hermes, que inventó el alfabeto fijándose en el vuelo de las cigueñas, que dibuja letras.
   Esta breve pieza, una postal desde un lago, es un buen ejemplo de lo que intento decir:

   Dar a leer (o a escuchar) algo completamente inteligible, totalmente saturado de significado, es no dejar espacio para la interpretación o el deseo. El arte también trata de lo que no existe, y muchas veces uno hace el esfuerzo para no ser entendido del todo: no terminando las frases, dejando alguna idea suelta, y así permitir al otro, a tí, que imagines y completes el significado de lo que  escuchas,
   aunque seas un fantasma,

   JM Artero

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