Trabajo

El autor en busca de sonidos

(del diario de trabajo de Dédalo)


Venecia. 5 de diciembre, 1995

Baja la mano enguantada de amarillo y sonríe. Yo solo alcanzo a preguntar: "¿Sabes conducir?". Mientras tanto, en campo Santa Margherita, el otoño se lleva uno a uno todos sus espejismos.


Roma. 21 de enero, 1997

Tras el cocktail en la embajada y una gran faena en viale Trastevere, al regresar a la Academia no puedo evitar sentir envidia del toreo, de como concibe y cuenta el tiempo. Un tiempo cualitativo, que nunca es duración, sino 'tiempo de', o 'tiempo para', o 'cuando', o 'hasta', o..., siempre en conexión y dependiente de movimientos, velocidades, acontecimientos; fascinación de las formas externas no reducibles a concepto o estructura.


Roma, 11 de febrero

Son las tardes frías en el motorino. Cruel y celoso nos persigue el invierno, nos alcanzan los vientos en las colinas. Me he dejado crecer una hermosa barba romana.


En el jardín, 23 de febrero

Esperando a Fontana me doy cuenta de lo mucho que se asemejan el miedo y la música: los dos parecen llegar de algún otro sitio, sin ser vistos; entonces la sensibilidad se afina y detrás de cada sonido, de cada articulación, se esconde y extiende toda una red de figuras y sentidos -la escucha es también construcción de historias, interpretación de signos-. Y no creo que el significado se limite a los elementos estructurales, ya que al comparar constantemente nuestra percepción los fenómenos tonales a experiencias vividas, a fenómenos del tiempo y del espacio, la escucha se carga de otros valores: sinestesias, emociones, procesos espacio-temporales... La música es la menos abstracta de las artes.


Carnaval. Villa Medici, 1 de marzo

Con el smoking lleno aún de hojas de hiedra y carmín pido un taxi y el chófer al encender la radio me asegura que la música es más frágil que los corazones.


Ninfeo del Bramante, 26 de abril

Es mi música algo fotográfica, y no solo porque se componga con imágenes y figuras, recupere acontecimientos, o, ubicando la obra lejos de la abstracción combinatoria se despliegue en espacios teatrales imaginarios donde la aparición del sonido adquiere ya un sentido, una dirección.


De Fregene a Ostia, noche del 5 de mayo

Y ahora que nos para la policía me alegro de que la música no exista, de que se parezca más bien a la temporada de lluvias en el trópico, que llega y se va.


De via Urbana a San Pietro in Montorio, tras el desayuno. 25 de mayo

La composición -o la escucha, que es lo mismo-, pertenece más a la tradición oral, a la memoria, a mecanismos de percepción y representación mental que a estructuras abstractas a priori, o sobre el papel. La forma no es más que la huella de un contar, más cercana a la recitación que a la narración escrita, mejor el motorino que el coche: ...la escucho cantar/ abrazado a su espalda,/ y todo el Quirinale, San Pietro,/ no valen sus besos.


Otro día

Si bien hay compositores que trabajan con conceptos, notas o duraciones, con ingenieros o físicos, yo prefiero tratar con alas, rayos y estatuas, corbatas, ginebra y caracolas.


Sala del café, 13 de junio

Hoy responde I. Bonnefoy a una entrevista en La Repubblica: "Escribir poéticamente significa lanzarse a la búsqueda de las imágenes que fundan nuestra relación con la realidad... La poesía nace de una tarea existencial que el poeta realiza sobre sí mismo y la cotidianidad... Todos pueden acercarse a ella a condición de renunciar al saber conceptual, histórico, lingüístico, psicoanalítico...". También el revestimiento figurativo del discurso musical crea un simulacro de ésta experiencia: la música o el monóculo: detrás el mundo. 


  

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